
Llegó al barrio de San Blas en 1953 para ocupar plaza de maestro en el Grupo Escolar Calvo Sotelo, actual Colegio Joaquín Sorolla. Se jubiló en 1986, pero siguió residiendo en el mismo barrio hasta fallecer en 2002. Rafael Azuar tejió casi toda su obra literaria en las dos viviendas distintas que habitó en la zona, y especialmente vio en ese periodo publicadas sus novelas, con las que intentó hacerse un nombre en la literatura nacional. La última de ellas, Crónicas del tiempo de la monda, la dedicó incluso al recuerdo del desaparecido cementerio de San Blas, inspirándose en historias de personajes que paraban entre sus muros en días de abandono del camposanto, antes de su demolición que daba paso a la expansión urbana.
El profesor José Ferrándiz Lozano desgranó toda esa historia en su conferencia “Rafael Azuar, el novelista de San Blas”, organizada por la SCD San Blas en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Alicante, del pasado 25 de noviembre, que contó también con la colaboración de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios.
Ante la presencia de familiares y amigos del recordado autor, el conferenciante impartió una charla informativa y conmovedora de la vida del autor, con una atención especial a sus cinco novelas: Teresa Ferrer (1954), seleccionada en el Concurso La Novela del Sábado, Los zarzales (1959), finalista del Premio Planeta en 1958, Llanuras del Júcar (1965), Modorra, Premio Café Gijón de novela corta en 1967, y la citada Crónicas del tiempo de la monda (1979), accésit del Premio Gabriel Sijé de novela corta en 1978. Las cuatro primeras componen un ciclo de realismo social y rural de la época, según Ferrándiz, mientras que la quinta está ambientada en el escenario urbano.
El profesor Ferrándiz, doctor en Ciencias Políticas y Sociología, autor de diversos libros de investigación del pensamiento político español y a su vez especialista en intelectuales como Altamira o Azorín, mantuvo una buena amistad con Azuar, a pesar de la diferencia de edad y generacional; una amistad que tuvo su origen en 1985, cuando el veterano autor de San Blas, con 64 años, era vicepresidente del Ateneo de Alicante y Ferrándiz, con 25 años, era secretario de la sección de Literatura.
Ese contacto permitió al joven un trato muy cercano y el conocimiento de su obra, al obsequiarle Azuar ejemplares de sus libros. Tras coincidir ambos como columnistas en el diario La verdad y en otras actividades, como en la Comisión Lectora del Premio Azorín y en mesas redondas literarias, Ferrándiz fue quien gestionó en 2019 la incorporación del archivo y la biblioteca del escritor al Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, en su etapa de director, impulsando un plan para recuperar la literatura de Azuar. En 2021 fue además Comisario del centenario de su nacimiento.
La charla en Ámbito Cultural fue llevando al público por los lugares donde vivió el autor. Elche, en primer lugar, en la partida de Perleta, donde nació porque su padre ejercía de maestro y donde solo vivió sus primeros seis meses de vida, debido a que su padre fue trasladado en el curso siguiente a Monóvar.
Con un tono didáctico y esclarecedor, la conferencia introdujo a los asistentes en la obra realista y de magnífico estilo de Azuar, resaltando el tratamiento de la figura de la mujer en sus novelas de los años cincuenta y sesenta, con personajes sometidos a un mundo rural cerrado, lo que aporta en el siglo XXI una información social de los hábitos en los pequeños pueblos, en tiempos en los que el contraste con las ciudades era grande. Ferrándiz sostuvo que Azuar puede ser considerado por ello como un autor de aquel realismo social que, tanto referido al mundo rural como al urbano, se vio en determinadas novelas de autores de mayor consagración como Cela, Delibes, Ana María Matute, Carmen Laforet, Juan García Hortelano o Martín-Satos.
Por otro lado, identificó los escenarios de cada una de sus novelas, conocidos in situ por Azuar, a pesar de que nunca refería sus verdaderos nombres en los relatos. En la Vilella Alta, de la comarca del Priorat de Tarragona, pueblo en el que estuvo destinado cinco años como maestro, transcurren Teresa Ferrer y Los zarzales, en esta segunda obra con el nombre de Venetxia, mientras que Fuensanta, en Albacete, se convirtió en El Robledal en Llanuras del Júcar y Salinas era el pueblo sin nombre de Modorra, como reveló veinte años después al propio Ferrándiz en una entrevista publicada en La verdad. Esta última fue elogiada por Josep Pla por su profundidad y por los problemas narrativos resueltos; así como por otros autores y críticos literarios como Miguel Signes, Vicente Ramos o Antonio Iglesias.
Especial alusión realizó también al escenario de Crónicas del tiempo de la monda, al haberse instalado Azuar a vivir en 1953 en la calle Poeta Garcilaso de San Blas, precisamente en uno de los bloques que daban al cementerio, al que consagró su novela corta sin mencionarle, llegando a escribir que “el cementerio era hermoso y tranquilo” y que “allí podía leerse la historia de toda la humanidad”.
Para finalizar el acto, el profesor Ferrándiz recordó que hoy en día pueden leerse todas sus novelas en la reciente edición de Novelas y cuentos publicada por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert o en las versiones digitalizadas de algunas de ellas en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Recomendó también el dosier especial que dedicó al autor por su centenario Revista de Vinalopó, con más de cien páginas que acogen siete artículos de investigación, y culminó con un rápido recorrido gráfico de la vinculación de Rafael Azuar al barrio de San Blas, proyectando imágenes en la que aparecía junto a dos grandes amigos escritores, también de residencia samblasina, como Vicente Mojica y Manuel Molina, o en la conocida Peña Pacorro, cerrándose con la recogida del Premio Importante del diario Información en su salón de actos de la calle Doctor Rico, el mismo año en que falleció.
El recuerdo de Rafael Azuar quedará para siempre en nuestro barrio gracias a la placa que acredita la calle dedicada a su memoria, en los aledaños de las piscinas municipales; gracias al recuerdo cariñoso de sus alumnos y, especialmente, por sus palabras llenas de poesía y sentimiento.
No podemos dejar de agradecer al profesor José Ferrándiz Lozano el haber compartido desinteresadamente sus profundos conocimientos de la vida y obra de Rafael Azuar, haciendo así posible homenajear a un hombre bueno, a un maestro ejemplar, en palabras de alumnos suyos presentes en el acto, y a un novelista de calidad que merece seguir siendo reconocido y, sobre todo, leído.













